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Testimonios de paciente

   Javier Caparrós, Madrid

Javier Caparrós es diabético desde hace 18 años. Se le manifestó bruscamente, en plena adolescencia, como debuta la diabetes tipo I en niños y jóvenes. Desde el día que le diagnosticaron la diabetes tiene que inyectarse insulina a diario, lo que se conoce como insulino-dependiente. No sabía nada de la enfermedad y tuvo que aprender deprisa, conocerla y aceptarla al mismo tiempo que la diabetes progresaba. Aprendió que es una enfermedad crónica y que su vida cambiaba con ella. No podía seguir el mismo ritmo que otros jóvenes de 17 años, pero Javier aprendió a seguir una rutina en las comidas, evitar el azúcar, inyectarse insulina y hacerse 4 controles diarios de su glucemia.
Javier tiene ahora 35 años y desde hace 6 sigue un tratamiento de insulinoterapia con bomba externa, que le permite la administración continua de insulina según sus necesidades diarias. "Antes, con las inyecciones convencionales no me sentía controlado. Tenía descompensaciones totales. A veces me levantaba y me encontraba físicamente tan mal que había días que no tenía ganas de ir a trabajar. La diabetes limitaba mi vida en esos aspectos", recuerda Caparrós.
La bomba de infusión continua de insulina es un pequeño dispositivo, que suele llevarse en el cinturón y está conectado al cuerpo mediante un catéter que se cambia cada 2 ó 3 días. El dispositivo administra una dosis basal de insulina de forma continua a lo largo del día y de la noche, y bolos de insulina cuando lo requiere el paciente. Algunas bombas son hoy capaces de realizar los cálculos matemáticos necesarios para que la persona diabética se administre la cantidad óptima de insulina. Son dispositivos fáciles de usar y discretos que los médicos prescriben para pacientes que encuentran dificultades en el control de sus niveles de glucemia en tratamientos convencionales de múltiples inyecciones de insulina diarias. Javier era uno de ellos. En su caso, "El uso de la bomba ha sido muy fácil de aprender. Un dispositivo de estos es tan fácil de manejar como un teléfono móvil".

La vida de Javier ha cambiado desde que se adoptó la insulinoterapia por bomba externa. "Ahora me mantengo en cifras de glucemia normales o casi normales y no he tenido hipoglucemias ni hiperglucemias de importancia. Sigo controlando los alimentos pero la bomba me permite "dejar" a la enfermedad que vaya sola. Me otorga una flexibilidad que me permite tener la actividad de cualquier otra persona. No me siento enfermo, me siento controlado." Los cambios no sólo son evidentes en el aspecto físico, también lo son en el plano emocional. "Mi estado de ánimo es muy bueno. Me hago mis controles habituales de azúcar y mantengo unos niveles siempre aceptables. Esta constante redundará en un beneficio para mi salud dentro de unos años".

Caparrós tiene hoy una calidad de vida más alta, "ya no pienso en la diabetes ni tiene ninguna limitación que no tenga cualquier persona"






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