Testimonios de paciente
María
María se acostó tarde el sábado pasado. Cuando se levantó, cerca de las 10, tomo su café mientras leía el periódico. Se vistió hacia mediodía y salió a visitar a sus padres. Pasó la tarde, jugando al tenis con sus sobrinos ¡Un día entero para relajarse y descansar! Todo sería tremendamente banal si María no fuera diabética.
Como otras muchas personas diabéticas insulinodependientes, desde hacía años, María vivía con las limitaciones horarias de las inyecciones de insulina y las comidas y se sentía frustrada por dichas obligaciones. Para buena parte de personas es agobiante respetar horarios estrictos:
levantarse cada día a la misma hora, sin excepción, para inyectarse la insulina
comer a horas fijas sin tener en cuenta el apetito o las ocasiones especiales y, a pesar de todo, enfrentarse a las consecuencias de glucemias excesivamente elevadas o bajas cuando sobreviene un cambio, frecuentemente inevitable, en los horarios y las actividades.
¿Qué ha cambiado?
Desde hace varios meses, María usa un método de infusión continua de insulina, según la recomendación de su diabetólogo. Para ello, utiliza una bomba de insulina, que lleva en el bolsillo. Prácticamente desde los primeros días, María ha recuperado la libertad para hacer lo que desea: "Con la bomba tengo la impresión de haber salido de esta prisión en la que me encontraba desde el día que me diagnosticaron la diabetes."
